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En los últimos años, se ha presentado en México un fenómeno social muy preocupante. En muchas de las regiones azotadas por la violencia del crimen organizado, las poblaciones se han unido para crear las llamadas “policías comunitarias”—grupos de autodefensa civil integrados por vecinos de las mismas comunidades que se dedican a realizar las labores de vigilancia y combate al crimen organizado que las autoridades responsables han dejado de hacer. Éste fenómeno se ha presentado principalmente en los estados de Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Morelos y ha provocado más de un enfrentamiento con los gobiernos estatales y municipales, así como con los cuerpos de policía oficiales.
El general Óscar Naranjo Trujillo, colombiano que funge como asesor externo de Enrique Peña Nieto para asuntos de seguridad, ha dicho últimamente que el Estado debe asegurar el monopolio de la aplicación de la justicia y el monopolio legítimo del uso de la fuerza. Según él, “cuando a una autodefensa se le empieza a llamar policía, se produce una distorsión que realmente, lejos de invocar el deber ser, destruye el deber ser y es imaginario.”
Indudablemente, en condiciones normales, el Estado es el único que debe ostentar el monopolio del uso de la fuerza y la aplicación de la justicia. Eso ocurre en cualquier país medianamente civilizado. Sin embargo, el problema en México es mucho más complejo que eso.
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YoSoy132 nació como un movimiento universitario en mayo de 2012, en oposición a la entonces candidatura presidencial del ahora presidente de México Enrique Peña Nieto.
Rápidamente se extendió, no sólo en el ámbito nacional, sino también en el ámbito internacional con la formación de grupos de mexicanos radicados en muchas ciudades del mundo. Los vimos organizar grandes manifestaciones en las que su poder de convocatoria—especialmente en la capital del país—llegó a reunir a miles de opositores al Partido Revolucionario Institucional (PRI). Sin embargo, después de las elecciones de julio de ese mismo año, pudimos ver con tristeza cómo el movimiento comenzó a perder, poco a poco, su gran fuerza inicial. Dejó de ser novedad y muchos simpatizantes perdieron el entusiasmo cuando vieron que no se pudo impedir que Peña Nieto se impusiera en los comicios presidenciales.
Y llegó el 1 de diciembre, fecha en que el nuevo presidente tomaría posesión de su cargo. Se preveían grandes manifestaciones de protesta por todo el país, que en muchos lugares terminaron en tragedia y represión, especialmente en la ciudad de México y en Guadalajara, donde hubo muchos heridos y detenidos. Mientras los medios de comunicación linchaban a los jóvenes, éstos denunciaban la presencia de policías y militares infiltrados en las marchas y a quienes acusaban de incitar a los disturbios. Pero aun así Peña Nieto tomó posesión de su cargo.
Y ahora cabe preguntarse ¿qué ocurre con Yosoy132? Ya casi no se habla de él en la televisión, la radio o los periódicos. ¿Dónde están? ¿Qué hacen?
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En los primeros días de su presidencia, Carlos Salinas de Gortari dio un golpe espectacular al conseguir la encarcelación del entonces todopoderoso líder del sindicato de los trabajadores petroleros, Joaquín Hernández Galicia, conocido como “La Quina”, a quien se acusó de diversos delitos del orden federal. Al asunto se le llamó popularmente “el quinazo”. Sin embargo, por todos era sabido que el líder sindical había apoyado abiertamente a Cuauhtémoc Cárdenas en las elecciones de 1988, por lo que se comenzó a especular sobre un posible ajuste de cuentas entre el presidente emanado del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y la disidencia sindical, pues debe recordarse que hasta ese momento la mayor parte de los sindicatos—incluyendo al petrolero—estaban subordinados a la voluntad presidencial.
Por otro lado, era sabido que Hernández Galicia desviaba dinero del sindicato a su cuenta personal y a las de sus allegados, que había ordenado la muerte de varios trabajadores petroleros que se habían opuesto a su liderazgo y que había cometido otros delitos más, por lo que su detención se percibió como un acto de justicia y de combate a la corrupción. Buena parte de la población lo vio entonces como el comienzo del fin de la impunidad. Pero no fue así. Después de “La Quina” no se detuvo a nadie más, a pesar de los múltiples señalamientos que existían contra diversos miembros de la clase política y sindical.
Años después, en el comienzo del sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León, se encarceló al hermano del expresidente Salinas, Raúl Salinas de Gortari, acusado de lavado de dinero y otros delitos más. Una vez más se manejó el asunto como el inicio formal del combate a la corrupción gubernamental, y como siempre, se dijo que no se iban a permitir actos delictivos de ningún tipo, sin importar quién los cometiera. Y una vez más, esto no ocurrió.
Ahora, tanto “La Quina” como Raúl Salinas están libres, exonerados por un juez. Es decir, se les declaró inocentes. Pero el 27 de febrero de 2013 nos despertamos con la noticia de que la Procuraduría General de la República había detenido a Elba Esther Gordillo, dirigente nacional de los maestros, acusada de diversos delitos como fraude y lavado de dinero. Una vez más, se habla en el ámbito gubernamental de combate directo a la corrupción, de cero tolerancia para con los funcionarios públicos y de fin de la impunidad. “El nuevo PRI no tolerará a los corruptos”, han dicho sus dirigentes.
Pero todo mundo sabe que en 2006, tras renunciar al PRI, la lideresa magisterial apoyó al entonces candidato del Partido de Acción Nacional (PAN) a la presidencia, Felipe Calderón Hinojosa, y que incluso convenció a varios gobernadores priistas de que hicieran lo mismo, por lo que una vez más nos enfrentamos a un posible ajuste de cuentas.
Nadie niega que Elba Esther Gordillo sea culpable de todo lo que se le acusa desde hace treinta años. Nadie niega que su encarcelamiento sea un acto de justicia, pero si el gobierno realmente quiere mandar una señal positiva a los mexicanos, una señal de que realmente los tiempos han cambiado, debe proseguir con el encarcelamiento de otros líderes sindicales y de muchos funcionarios y exfuncionarios del gobierno—de todos los partidos—que siguen navegando en la impunidad a pesar de los múltiples señalamientos en su contra. Así podrá conseguir Peña Nieto la legitimidad que tanto busca, pues el combate a la corrupción gubernamental es uno de los asuntos que más interesan, hoy por hoy, a los mexicanos.
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En los últimos sexenios los políticos mexicanos han hablado constantemente de las “reformas estructurales” que el país necesita para modernizarse y progresar y que, por supuesto, casi nunca concretan. Hablan de la reforma política, la reforma educativa, la reforma laboral, la reforma electoral, la reforma energética y otras más igual de importantes. Y en efecto, el país está urgido de esas reformas, aunque éstas sean un poco distintas a las que plantean los miembros de la clase política. A continuación señalo algunas de las más importantes:
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Muchos analistas políticos mencionan que el gobierno de Enrique Peña Nieto y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) deberán enfrentarse a una fuerte oposición política y que eso les obligará a negociar para concretar las reformas estructurales que proponen para el país.
Pero la realidad es muy distinta. Si la principal amenaza para la presidencia de Peña Nieto son los partidos políticos de oposición, ya puede dormir tranquilo.
Con la renuncia de Andrés Manuel López Obrador, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) tiene pocas esperanzas de mantener una votación aceptable en las elecciones legislativas de 2015, pues la mayor parte de sus votos desde las elecciones del año 2000 provenían del llamado “efecto Peje” (sobrenombre del político tabasqueño), y sus actuales dirigentes poco o nada podrán hacer para revertir los efectos negativos que la conversión de Morena (Movimiento Regeneración Nacional) en partido político traerá al suyo. Por otro lado, el enfrentamiento entre las llamadas “tribus” perredistas, especialmente los “chuchos” (dirigidos por Jesús Ortega y Jesús Zambrano) y los “bejaranos” (dirigidos por René Bejarano), ha mostrado claramente las debilidades de este partido político. Los votantes de izquierda difícilmente volverán a apoyarlos tras su clara alianza con los últimos gobiernos, lo que provocó la queja y la renuncia de muchos de sus militantes que ahora apuestan por Morena. Poca fuerza tendría así para oponerse al gobierno, aunque lo quisiera. Sólo le quedan dos caminos: recuperar la dignidad perdida convirtiéndose en oposición real aunque le cueste perder algunas prerrogativas, o continuar buscando el apoyo del gobierno en turno a cambio de sus votos en el Congreso.
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A principios de mes, Enrique Peña Nieto tomó posesión de la Presidencia de México en medio de graves protestas callejeras que tuvieron su principal fuerza de choque en la capital. Diferentes grupos como Yosoy132, Morena, sindicatos independientes y otros colectivos campesinos y urbanos protagonizaron duros enfrentamientos contra la policía que duraron más de siete horas y se saldaron con más de 100 heridos. Un día antes, Enrique Peña Nieto hizo la presentación oficial de su gabinete y de un programa de gobierno de 13 puntos.
Por lo que respecta al gabinete, algunos nombres ya se esperaban. Tal es el caso de Miguel Ángel Osorio (Gobernación), Jesús Murillo (Procuraduría General de la República), Joaquín Codwell (Energía), Enrique Martínez (Agricultura), Emilio Chuayffet (Educación Pública), Alfonso Navarrete (Trabajo) y Jorge Carlos Ramírez (Reforma Agraria).
Otros nombres sorprenden pero no extrañan. Tal es el caso de Manuel Mondragón (subsecretario de Seguridad Pública) quien proviene del gobierno de la ciudad de México; Rosario Robles (Desarrollo Social), exgobernadora de la capital del país y expresidenta del Partido de la Revolución Democrática; y José Antonio Meade (Relaciones Exteriores), exsecretario de hacienda del gobierno de Felipe Calderón. Sin embargo, pocos son gente realmente cercana a él, como Luis Videgaray (Hacienda), Gerardo Ruiz (Comunicaciones) y Alfonso Navarrete, lo que nos indica el grado de subordinación que el nuevo presidente tiene respecto al grupo encabezado por Carlos Salinas de Gortari. Incluso una sobrina de éste figura como nueva secretaria de Turismo (Claudia Ruiz Massieu Salinas). Desaparecen también dos secretarías (Seguridad Pública y Función Pública), cuyas atribuciones regresan a la de Gobernación.
Se presentó también un Programa de 13 Puntos y se firmó el Pacto por México entre los principales partidos políticos, por los que se comprometen a diversas acciones de gobierno y reformas legislativas orientadas a cinco objetivos fundamentales: gobernabilidad democrática; crecimiento económico, empleo y competitividad; ejercicio pleno de derechos sociales y libertades; seguridad y justicia, así como transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción. Lo que no se dijo es cómo se va a lograr, cuándo y de qué forma. Promesas fáciles de incumplir, tal y como lo hemos visto en los últimos cuarenta años.
La duda es si con el mismo modelo económico que ha hundido al país y con los personajes públicos y privados que lo motivaron, el nuevo inquilino de Los Pinos y su gabinete concretarán todo lo que han prometido. Para financiar los proyectos contenidos en ambos documentos, de acuerdo con Carlos Fernández Vega, harían falta 250 mil millones de pesos (casi 20 mil millones de dólares). Por otro lado, en el presupuesto del gobierno, 90 centavos de cada peso ya están comprometidos y no pueden tocarse (pago de deuda, de sueldos, etc.), por lo que sólo quedan 10 centavos por peso (de acuerdo a la Cámara de Diputados). El secretario de Hacienda, Videgaray, ya dijo que no habrá aumento de impuestos en 2013, pero de acuerdo con Carlos González Barragán, director del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, para solventar los compromisos ofrecidos hace falta una reforma fiscal y hacendaria. ¿De dónde sacarán el dinero entonces?
En otro tema, la seguridad pública, las cosas parece que no van a cambiar mucho, pues el nuevo presidente ya anunció que el ejército seguirá en las calles mientras se prepara un nuevo plan de seguridad. Y con el cambio de sexenio, las muertes no han cesado.
Como bien señala Guillermo Knochenhauer, Calderón deja el gobierno en tan malas condiciones que a Peña no le será difícil mejorar aunque sea un poco cualquiera de las políticas del gobierno anterior. Además, éste contará con un conjunto bien disciplinado de medios electrónicos e impresos que encubrirán cualquier fracaso y magnificarán cualquier éxito.
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El 1 de diciembre de 2012, Enrique Peña Nieto asumirá la presidencia de los Estados Unidos Mexicanos. Ante eso, ¿cuál debe ser la reacción de Yosoy132?
Los caminos a seguir son muchos y variados. El primero, y el más improbable de todos, sería la disolución del movimiento ante los hechos consumados. Esto se podría apoyar, además, en el miedo a la represión gubernamental, pues es sabido que el ahora llamado presidente electo no le tiene ninguna simpatía a este grupo de jóvenes. Los hechos muestran, sin embargo, que esta disolución no ocurrirá.
Otro camino sería el de la violencia, mismo que también se puede descartar de antemano por diversas razones, pero en especial por la enorme inseguridad que vive el país, producto del problema del narcotráfico y la cada vez mayor presencia del ejército en las calles, además de todos los problemas que un estallido violento acarrearía para la nación. Por otro lado, y aunque algunos analistas lo llegaron a ver así, en México no está ocurriendo una “primavera” al estilo de los países árabes. La mayor parte de la población, ya sea por miedo o por apatía, no está dispuesta a participar en una rebelión armada.
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Los movimientos estudiantiles en México no son nada nuevo. En 1912 una huelga estudiantil dio origen a la Escuela Libre de Derecho y en 1929 otra huelga de estudiantes consiguió la autonomía para la Universidad Nacional. Pero el gran momento llegó en 1968 cuando, enmarcado en un movimiento global de rebelión juvenil del cual muchos quizá no tenían conciencia, los estudiantes mexicanos encabezados por las universidades públicas, salieron a la calle en busca de un México más democrático y justo. Fueron duramente reprimidos el famoso 2 de octubre en Tlatelolco, y cuando quisieron volver a levantar cabeza en 1971, recibieron una nueva dosis de contención gubernamental.
Tuvieron que pasar casi treinta años para que, en 1999, los estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) volvieran a dar la cara en defensa de la educación gratuita y del carácter público de la misma. Después de un largo año, el gobierno volvió a reprimir. Al tiempo que eso pasaba en la capital, en las principales ciudades de provincia se desarrollaron diversas huelgas estudiantiles locales, especialmente en Michoacán y Jalisco. Todos estos movimientos tenían, sin embargo, algo en común: todos tenían su origen en las universidades públicas.
En mayo de 2012 vimos el nacimiento de uno diferente. Durante la visita que el entonces candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia de México, Enrique Peña Nieto, realizó a la Universidad Iberoamericana, de tradición jesuita, una gran cantidad de alumnos de ésta decidieron rechazarlo. El mal manejo que el PRI hizo de la situación, acusando de infiltrados a los alumnos que se manifestaron, así como minimizando el acontecimiento, aunado al silencio informativo de los principales medios de comunicación, impulsaron a un grupo de 131 alumnos de dicha universidad a realizar un video en el que mostraban su credencial de alumnos y aseguraban haber estado en la protesta. A raíz de eso surgió Yosoy132, un movimiento de estudiantes que rápidamente se propagó a otras instituciones educativas y que pronto se convirtió en el más importante desde 1968.
¿Qué lo hizo diferente a otros movimientos anteriores? El hecho de haber surgido en una universidad privada, a la que acuden en su mayoría jóvenes de familias acomodadas, y no en una universidad pública, donde tradicionalmente se han desarrollado este tipo de movimientos. Mucha gente se sorprendió al ver que estos jóvenes dijeron “ya basta” pues la mayoría de ellos eran muy pequeños cuando el PRI dejó la presidencia en el año 2000 como para recordar aquellos tiempos, y es poco probable que sus padres hubieran participado en algún movimiento anterior. En eso radicaba la novedad. Y más asombro causó en la sociedad cuando jóvenes del Tecnológico de Monterrey (ITAM), de la Universidad Panamericana e inclusive de la Universidad Anáhuac (ésta última perteneciente a los Legionarios de Cristo y la anterior al Opus Dei) se sumaron a ellos.
Eso sí que era histórico: jóvenes de las más elitistas universidades mexicanas saliendo a exigir elecciones limpias y a protestar por el monopolio de los medios de comunicación, que en México se encuentran en manos de dos grandes consorcios, Televisa y TvAzteca. Y para complicar aún más las cosas, pronto aparecieron células del movimiento en prácticamente toda la República e inclusive en muchas ciudades del mundo. En cualquier lugar donde hay mexicanos, han surgido pequeños grupos de Yosoy132, desde Nueva York hasta Arabia Saudita o China, situación que ni siquiera en el movimiento estudiantil de 1968 se había presentado.
Y así salieron a las calles. Al poco tiempo los vimos organizar manifestaciones frente a las oficinas centrales de Televisa, llamar a la gente a no votar por el PRI e invitar a las universidades públicas a sumarse a ellos. Comenzaron también a organizarse creando asambleas y mesas de discusión, incluyendo una para estar en contacto con los grupos internacionales. Al igual que en 1968 decidieron hacer un movimiento horizontal, sin líderes, para evitar así ser contenidos por el gobierno. Inmediatamente comenzaron a sufrir agresiones, las cuales denunciaron ante medios y gobiernos locales.
El 1 de diciembre Enrique Peña Nieto asumirá sus funciones como presidente del país. ¿Qué hará entonces Yosoy132? Al margen de las previsibles protestas que se realicen ese día, el movimiento necesita definirse y plantear claramente cuál es su intención a futuro, a riesgo de perder fuerza y terminar por diluirse. Es innegable que vienen días aciagos y que deben esperar un aumento significativo de la represión. Pero a fin de cuentas son jóvenes y el futuro es suyo. Si ellos no se encienden, ¿quién iluminará ésta oscuridad?
AQ's coverage and post-trip analysis of the President's May 2-4 visit.