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El martes 13 pasado murió Domitila Chungara. Esa mujer de roble que en 1978 inició una huelga de hambre que acabó con la dictadura de siete años del Gral. Hugo Bánzer Suárez en Bolivia. Tenía 75 años y un cáncer que la tomó por completo. Sus últimos años vivió prácticamente olvidada en su casita de Cochabamba, en la loma de un cerro como para no olvidar las minas de Potosí donde creció y luchó.
Domitila Barrios de Chungara nació en mayo de 1937 en el distrito minero Siglo XX. Allí se crió y se casó. En 1961 los mineros quisieron marchar hacia La Paz pidiendo la provisión de medicamentos, además de otras demandas, pero fueron apresados y llevados a La Paz. Las mujeres, entonces, crearon el “Comité de Amas de Casa de Siglo XX”. Domitila, aguerrida desde siempre, fue dirigente de este Comité al que le otorgó un rol político fundamental. Desde el Comité de Amas de Casa, Domitila luchó por los derechos de los mineros y vivió la represión de los gobiernos militares de la época.
El 24 de junio de 1967 sucedió en las minas “la masacre de San Juan”. Eran años de guerrilla. El Che Guevara estaba en Bolivia y los mineros serían sus aliados. Preparaban vituallas para enviarles al campo de batalla. Los militares, enterados, no tuvieron mejor idea que mascrarlos a balazos. Al día siguiente de la matanza, una mujer se subió arriba de un muro para gritar su bronca en la cara misma de esos militares que habían asesinado a su pueblo. Era Domitila Chungara.
En 1975 Domitila participó en la Tribuna del Año Internacional de la Mujer, en México. Su participación allí es memorable por haber dicho que, “aún como mujeres, no podemos ser iguales” porque la distancia social y de clase que nos separa es todavía muy grande...
En 1977 la brasileña Moema Viezzer publicó el testimonio de vida de Domitila en un libro llamado “Si me permiten hablar”. Un documentos que inició el debate en la academia norteamericana respecto del lugar del “subalterno”, de los sin voz, de los marginados de siempre. Furibundo y complejo asunto que incluso hoy continúa. Domitila misma cuestionaba ese texto reclamando que allí se contaban cosas pero no se decía el “por qué” de las cosas.
Domitila tenía 71 años cuando la entrevisté en su casa de Cochabamba y luego la invité a La Paz donde vino apenas porque la altura no le sentaba demasiado bien. Pero todavía tenía la intención de participar en política. La habían buscado distintos partidos políticos de izquierda pero ninguno la convenció, salvo el Movimiento Guevarista. Evo Morales era ya candidato potencial, pero no había hablado con ella. Por eso, Domitila, con los ojos mojados, me dijo que quizás algún momento se encontrarían en el camino “porque la lucha es como un tren…”
En ese tren partió ahora Domitila, acabada su lucha personal. Y entonces la recuerdo vibrante, los ojos húmedos, los dientes apretando los labios: “¡Tanta lucha carajo, para qué!”
Hablaba de la democracia de hoy, todavía insuficiente. Siempre insuficiente. Domitila lo hacía sintiéndose un poco paridora de esa democracia que ciertamente le agradecerá siempre su entrega generosa. Hasta siempre, amada Domitila.
*Cecilia Lanza es una bloguera que contribuye a AQ Online y vive en La Paz, Bolivia.
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