Confronting Discriminatory Language in Mexico

September 21, 2011

by Yoloxóchitl Casas Chousal

Please find the original text below, submitted in Spanish.

Some good news out of Mexico. Here, as in other countries around the world, people are increasingly standing up against discriminatory rhetoric that further alienates traditionally excluded groups.

One example of this is the establishment back in 2003 of the Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (National Council to Prevent Discrimination, or Conapred). Conapred—created by federal law—is a government institution committed to strengthening democracy by encouraging civic participation and working to counter discrimination.

Though a welcome and important government entity, Conapred has a limited reach. For example, in 2010 it opened a complaint against Esteban Arce of Televisa for his statements that compared homosexuality to dementia. However, the institution did not have the legal authority to silence him while carrying out their investigation.

Still, Mexicans are increasingly confronting discrimination. Broad-based movements are taking center stage, highlighting the need for all of society to get behind the notion that the language used in debate must change. In June of this year, the Marcha de las Putas (“Slutwalk”) was organized in Mexico City after mimicking a similar protest in Toronto, Canada. That demonstration came about in response to the sexist, stigmatizing language used by Canadian policeman Michael Sanguinetti in February.

The debate against discrimination and stigmatization concentrates on the use of inclusive language. The feminist movement has defended respect for women’s expression. This begins when a woman say “no” to sexual harassment and assault—an important first step since weak responses to chauvinism have proven to often lead to femicide and other hate crimes against women.

This must be stopped. Nationally, reports of violence against women have reached 120,000 annually, or one violation every four minutes against a woman. The first step is stamping out discriminatory language.

Even outside of gender-based discrimination, misguided language has generated hate based on race, faith and sexual orientation—often through bullying. Reprehensibly, it is not uncommon for minors and youth to be victims of discrimination and assault.

International accords like the Convention on the Elimination of All Forms of Discrimination against Women (CEDAW) and the Inter-American Convention to Prevent, Sanction and Eradicate Violence against Women (Belém do Pará)—both signed by Mexico—have been useful. Conapred and female-minded organizations like the Instituto Nacional de Mujeres (National Institute of Women, or Inmujeres) at the federal level can do something to mitigate discrimination, but not enough. Local authorities have a role to play as well.

Merely having good intentions is insufficient. Governments need to produce meaningful, beneficial public policies to act on those intentions. One example is Argentina where President Cristina Fernández issued a decree in July 2011 in favor of the eradication of sexually-exploitative messages and images.

True political will for change is what really makes a difference. Time to build on Mexico’s momentum to eliminate hate-filled rhetoric.


La Violencia de la Palabra

“Quizá las palabras no fueron las mejores”. Es una forma elegante de deslindarse públicamente cuando sale a relucir al misógino, homófobo, xenófobo, sexista, discriminador o simplemente la persona violenta que muchos periodistas o comentaristas llevan dentro. Y es que quienes tienen la oportunidad de usar el micrófono, la pluma o la cámara, no miden el alcance de sus dichos, ni reflexionan que son personas públicas, como las y los políticos, que en su mano o voz, tienen toda una responsabilidad respecto de lo que externan.

De triste memoria comunicadores como Ángel Verdugo, comentarista radiofónico de Reporte 98.5, o Esteban Arce de Televisa o el diputado y comentarista chiapaneco Ariel Gómez León, cuyas expresiones de discriminación motivaron el rechazo de la sociedad. Y es que las palabras son más violentas que las balas y generan más muertes por odio que las guerras, con secuelas definitivas.

Aunque los cambios culturales son lentos, una de las grandes ventajas es la existencia de una institución como el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, dependencia joven que se ha comprometido a actuar en favor de una democracia igualitaria, fomenta la participación y trabaja en contra de la discriminación. Sendas denuncias se levantaron en contra de estos casos, por ejemplo, y se sabe que el propio Arce ha buscado eliminar la etiqueta que ahora ostenta como homófobo y discriminador. Aunque sigue siendo una instancia desdentada, sin posibilidades de ejercer un castigo más severo para las y los infractores, que el de recomendar la participación en talleres o cursos para la no discriminación.

Como ejemplo de amplios movimientos que se han generado tanto en México como en el mundo, está la Marcha de las Putas, que nació precisamente a raíz del uso de términos discriminatorios y estigmatizantes en boca del policía canadiense Michael Sanguinetti. Nosotros mexicanos salimos a las calles porque ya se sabía de casos en los que hasta algunos gobiernos pretendieron instaurar condiciones de arreglo.

El debate contra la discriminación y la estigmatización se concentra en el uso de un lenguaje de inclusión. Las feministas siempre hemos defendido el respeto a nuestro dicho, que se inicia cuando decimos NO; es decir, cuando en efecto expresamos un desacuerdo ante cualquier propuesta que no corresponda a nuestros deseos o intereses.

La poca importancia que el machismo otorga a las voces femeninas, ha incidido en el feminicidio—crímenes de odio contra las mujeres. A que los reportes nacionales de violación asciendan a 120 mil anuales, al acumular una violación cada cuatro minutos en contra de una mujer.

Llamar putas a las mujeres porque usamos minifalda, pantalones entallados o escotes, es tan grave como el término machista “mandilón” que los hombres utilizan con sorna para descalificar al hombre que respeta su casa, su familia, y se involucra en las tareas del hogar.

El lenguaje de exclusión ha generado odios raciales, de fe, por preferencia sexual y sexo, e incluso, de manera más moderna y estudiada por sus graves consecuencias, por capacidades y características específicas de cada persona: el bullying. Menores y jóvenes son frecuentemente las víctimas de la discriminación y el acoso.

De poco han valido hasta ahora los mecanismos internacionales como la CEDAW y la Convención Belem do Pará, signadas por México. Poco puede hacer el Conapred o los mecanismos de las mujeres, como el Inmujeres a nivel federal, o los locales para detener estas oleadas de una mala cultura que evita que la humanidad se reconozca en la igualdad.

Buenas intenciones no son suficientes. Hace falta una verdadera voluntad política, como la que recientemente instrumentó en Argentina la mandataria Cristina Fernández.

Tags: Mexico, Women's rights

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