
![]() |
El Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, organización civil radicada en México, dio a conocer recientemente los resultados de su investigación “Las 50 Ciudades más Peligrosas del Mundo." El estudio calcula el promedio de homicidios entre la población total de cada ciudad, y persigue un fin mucho más que académico. De acuerdo con el Consejo Ciudadano, “lo que perseguimos es contribuir al reclamo que los diferentes pueblos del mundo hacen a sus gobernantes para que cumplan con su obligación de proteger los derechos de los individuos a la vida, la propiedad y la libertad.” Los resultados del estudio no deberían sorprendernos. Sin embargo, arrojan indicios de variables que hasta el momento, al menos en Centroamérica, no se daban a conocer.
Dentro de las 50 ciudades más violentas del mundo figuran 39 ciudades latinoamericanas—sin contar el Caribe. El resto se encuentra en Sudáfrica o Estados Unidos. San Pedro Sula, Honduras ocupa el primer lugar, llevándose el indecoroso reconocimiento como la ciudad más peligrosa del mundo. En cuarto lugar figura Tegucigalpa, Honduras, seguida de Ciudad de Guatemala, en doceavo lugar, y San Salvador en el puesto 44 detrás de ciudades como Baltimore, Nueva Orleans, Oakland y Detroit en los Estados Unidos.
Pero, ¿de qué sirven los rankings de este tipo? Los centroamericanos conocen de primera mano los retos a la seguridad ciudadana que afrontamos, pero información como ésta aporta lecciones valiosas que no podemos ignorar.
![]() |
Government officials in El Salvador and Guatemala speculate that there are approximately 15,000 gang members in each country. Meanwhile police officials attribute the majority of homicides, extortions and kidnappings to these groups, which are mainly comprised of young males between 13 and 26 years of age.
This means that mara (a regional term for gangs) membership is low when looking at overall youth demographics; in El Salvador, for example, there are over 1 million young men and women. Most young people are either going to school or working, not engaging in criminal activity. But there’s a flipside: these countries represent ample breeding ground for mara recruitment.
These 15,000 gang members also represent a complex problem. How is it possible that so few individuals have entire countries on their knees? Why haven’t governments and civil society been able to retaliate with police force and effective crime prevention programs? And certainly, how are judicial systems maintaining the interest of the majority and not that of young criminals?
AQ's coverage and post-trip analysis of the President's May 2-4 visit.