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Maduro busca ayuda en China

No son tiempos fáciles para Venezuela. En el tercer trimestre del año, la escasez de productos básicos continúa siendo una piedra en el zapato del Gobierno, el dólar paralelo—que inició 2012 cotizando en 17BsF—pasó la línea de 40BsF, la inflación se ubicó en 42,5 por ciento para agosto pasado, y la inversión extranjera fue de -15 por ciento, uno de los índices más bajos de la región. Con la debacle económica marcando la opinión pública y, peor aún, la calidad de vida de los ciudadanos, el presidente Nicolás Maduro tomó un avión para China la semana pasada.

La primera visita oficial del heredero político de Hugo Chávez se produce antes de completar un semestre en el Palacio de Gobierno. Fue un viaje expreso, pero con los resultados esperados: en tres días, el mandatario cerró un nuevo préstamo de 5 mil millones de dólares, y la promesa de inversiones por 14 mil millones de dólares en el área petrolera.

Con esta inyección de dinero, Venezuela suma 43 mil millons de dólares en préstamos de China en apenas seis años. El esquema, establecido en 2007 a través de la creación del Fondo Mixto Chino Venezolano, se centra en blindar créditos con la entrega de petróleo a precio fijo por un plazo determinado de años. Fue la fórmula que el entonces presidente Hugo Chávez encontró para materializar su interés por China. Desde el comienzo de su gestión el mandatario buscó caminos para sustentar su retórica anti americana, y una China en plena ebullición parecía, sin duda, la más atractiva de las alternativas.

Asia era un destino tan poco considerado por Venezuela, que cuando Chávez fue electo en 1999 la balanza comercial entre ambos países sumaba 1,9 mil millones de dólares. En la primera década de la revolución bolivariana, el intercambio creció 10 veces, alcanzando los 10,3 mil millones de dólares en 2010. Ese año fue significativo para la relación binacional: China autorizó un préstamo de 20,8 mil millones de dólares, el mayor concedido por autoridades bancarias chinas a un único deudor.

El dinero chino motorizó la economía venezolana. En teoría, debía ser destinado a proyectos de infraestructura nacional, agricultura y a la construcción de dos satélites, sin embargo, la ausencia de una contraloría real en el país dificulta discriminar cuánto se invirtió en proyectos a largo plazo, y cuánto sirvió para sostener el sistema populista y paternalista de Chávez, ratificado en trece elecciones consecutivas. La negociación no sólo ofrecía un atractivo en materia de política externa para alguien necesitado de antagonizar con Washington, sino que también representaba ventajas a lo interno. El dinero entraba rápidamente, sin condiciones que exigieran ajustes económicos inmediatos, y si los venezolanos durante años han dilapidado parte de su presupuesto subvencionando gasolina para consumo interno, ¿por qué iban a cuestionar al Gobierno por comprometer, por lo menos, 11 por ciento de la producción petrolera a varios años?

El espaldarazo chino no fue del todo lo que Chávez esperaba. Pekín no se mostró interesado en ser el aliado político que Caracas buscaba, y la mayor parte del dinero que entraba al país era por vía de préstamos. Si bien 52,5 por ciento del financiamiento total a la región otorgado por el Banco de Desarrollo de China se concentra en Venezuela, los datos de la Comisión Especial para América Latina y el Caribe (Cepal) reseñan que entre 1990 y 2009 la inversión extranjera directa (IED) de China en Venezuela fue de apenas 240 millones de dólares, mientras que en el mismo período, en Perú, fue de 2,3 mil millones de dólares.

Con la salida del mandatario en diciembre pasado, las relaciones binacionales entraron en una pausa. A pesar del constante lobby venezolano, las autoridades chinas mantuvieron distancia y silencio hasta la semana pasada cuando el propio presidente de la empresa estatal Petróleos de Venezuela, Rafael Ramírez, anunció desde Pekín que China habría acordado un nuevo crédito e inversiones para la extracción petrolera. Maduro celebró los despachos, aunque éste constituya uno de los menores préstamos concedidos por el aliado asiático.

Desde hace algún tiempo, especialistas advierten sobre el poco interés que genera Venezuela como destino de inversiones: inestabilidad económica, política y jurídica, sumado a los altos índices de violencia, restan atractivo a la puerta de Suramérica. China no es indiferente a los hechos. Consultado días después de la muerte de Chávez, Wang Peng, especialista para Venezuela de la Academia de Ciencias Sociales de China, explicó que "los riesgos políticos en Venezuela son muy altos. El gobierno está intentando centralizar el poder para controlar el mercado. Las compañías extranjeras no pueden obtener dólares (por el control de cambio de divisas vigente en el país por una década) o transferir sus ganancias a otros países. Las diferencias políticas entre gobierno y oposición son fuertes, y eso hace pensar en la posibilidad de conflictos a largo plazo. En síntesis, la situación doméstica realmente preocupa al capital chino".

El que Rafael Ramírez, cabeza de la petrolera venezolana, fuese a China personalmente a finiquitar los acuerdos, demuestra que las circunstancias han cambiado con la desaparición de Chávez. 

La ausencia del líder del llamado proceso socialista del siglo 21 también se hizo sentir esta semana, cuando Maduro declinó participar de la 68a Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El estreno de Maduro en este aforo había generado expectativa, puesto que la agenda regional era de confrontación contra Washington, y por ser este el palco en que Chávez pronunció algunas de sus más polémicas alocuciones. 

Es impensable que el fallecido Jefe de Estado, quien durante su gestión se erigió como un líder regional con proyecto propio, desaprovecharía las circunstancias y el escenario que ofrecía esta edición de la Asamblea General de la ONU. Sin embargo, Maduro desistió de la cita argumentando tener informaciones sobre planes que comprometían su integridad o amenazaban el desarrollo del evento en Nueva York. Días antes acusó a Estados Unidos de impedir el tránsito aéreo de su avión durante la ruta a China. Más tarde también diría que hubo problemas con las visas para la comitiva que debía participar en el encuentro internacional.

De cualquier manera, Maduro tiene motivaciones de sobra para olvidarse de los podios internacionales. Con elecciones municipales pautadas para diciembre, el Presidente parece debatirse entre ser el hombre que selló la ruina de Venezuela o el traidor de la revolución bolivariana. 

La apretada agenda de Maduro en China cerró con una visita al Monte Taishan, lugar sagrado de peregrinación al sur de Pekín, que durante siglos ha sido considerado una fuente de inspiración. Frente a semejante disyuntiva, no es de extrañar que Maduro buscara en China algo más que una ayuda económica. 

*Paula Ramón is a contributing blogger for AQ Online. She is a Venezuelan journalist based in Brazil.

Any opinions expressed in this piece do not necessarily reflect those of Americas Quarterly or its publishers.
Tags: Nicolás Maduro, Venezuela, China, United Nations General Assembly

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