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Ballotage por la paz



Miedo. Una simple lectura—que no pretende ser estadística—de las redes sociales, tras el resultado electoral del pasado domingo en Colombia, me arrojó innumerables veces esa palabra. Colombianos indignados y connotados columnistas la usaron para manifestar lo que sienten frente al escenario que el 40% de los votantes del país nos dejó para segunda vuelta: otra elección entre representantes de la misma oligarquía de siempre, el presidente en ejercicio, Juan Manuel Santos y el candidato del Centro Democrático uribista, Óscar Iván Zuluaga.

Una elección entre la ultraderecha y la centroderecha, entre la guerra y la paz, entre los amigos y enemigos del ex presidente y flamante senador Álvaro Uribe, quien es sin duda no solo el gran elector de la jornada sino el gran protagonista de la política colombiana de los últimos 12 años.

Es así como el epílogo de la carrera electoral a la que llegó Colombia el domingo, y que hasta hace apenas un mes parecía ser liderada por la anunciada reelección de Santos (difícilmente un mandatario no es reelecto; Lula, Evo, y Correa son ejemplos) estuvo marcado por la abstención y el miedo.

Ya no es el miedo a salir a votar o a ser amenazado si no se vota por el candidato respaldado por los violentos; paradójicamente, fue una de las jornadas electorales más tranquilas, gracias a la tregua pactada con las FARC y el ELN desde La Habana. Es el miedo a que ese proceso de paz se rompa, o a que por seguir avanzando en la idea de diversos sectores del país de que es conversando y no a bala que la guerra se acaba, los guerrilleros salgan impunes de sus crímenes o venga a Colombia el “castro-chavismo.

El miedo a que las FARC se “adueñen” del país fue el discurso ventilado sin cesar desde la campaña de Zuluaga (es decir, la de Uribe). El ganador de primera vuelta con el 29,26%, 3.759.862 votos, ya anunció que rompería el proceso de paz si gana la segunda. Un mensaje que siempre cala porque es más fácil vender el discurso de seguridad que el de la paz, y porque sobre el segundo, difuso y complejo, se ha especulado mucho desde que se iniciaron las conversaciones en La Habana. El elector común no tiene información sobre lo que se está pactando en Cuba o tal vez simplemente no le interesa. Tampoco ha habido suficiente pedagogía.

Si bien muchos en Colombia queremos la paz, la complejidad de discutir políticas como la agraria, la antidroga o la participación política de los alzados en armas no pasa por el análisis del electorado. Que eso le signifique seguridad en el mediano y largo plazo, no es algo que el ciudadano digiera la hora de ir a la urnas.

Si es en cambio de expresa preocupación para partidos políticos, intelectuales y medios de comunicación que han hablado en los últimos días de hacer un frente por la paz para rodear el proceso. Esto es, votar por Santos. Aún sus más enconados opositores—como su contendor del 2010, Antanas Mockus; la ex candidata del Polo Democrático Alternativo (un partido de la izquierda), Clara López (que obtuvo en la primera vuelta el nada despreciable número de 1.957.626 votos); y el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro—hoy hacen campaña pública para rodear el proceso. Dentro de los movimientos de izquierda y de organizaciones de derechos humanos que tienen sentidas diferencias con Santos por haber manejado con desatino las protestas y demandas de sectores campesinos, hay un debate interno por tener que elegir el mal menos peor con tal de no dejar que la ultraderecha se tome el país, con todo lo que eso significa: falsos positivos, avance del paramilitarismo y más guerra.

Así las cosas y a sabiendas de que los conservadores se irán con Zuluaga (es decir con Uribe), lo que representa los 1.995.628 votos que obtuvo Marta Lucía Ramírez, aún falta saber que pasará con los votos de Enrique Peñalosa (1.065.111, correspondientes al 8,29 por ciento) y con la también histórica cifra de voto en blanco que alcanzó el 6%. De las alianzas y de lo que pase en las siguientes dos semanas y media de campaña, depende el futuro del país. Zuluaga se ha mostrado inmune e impune a los escándalos: ni un hacker entregándole información confidencial sobre La Habana lograron desbancarlo del primer lugar.

Las FARC, que cumplieron 50 años de fundadas este 27 de mayo y quienes fueron factor de peso electoral en su momento (eligieron a Pastrana y a Uribe por razones totalmente opuestas) prefirieron callar hasta segunda vuelta. El país también les pide un gesto generoso de paz que devuelva la confianza de que el proceso vale la pena, que extiendan la tregua y avancen en pactos. Aunque es el tema que por décadas ha trasnochado a Colombia, este 15 de junio más que nunca es el ballotage (segunda ronda) por la paz. Y contra el miedo.

ABOUT THE AUTHOR

Jenny Manrique es una bloguera contribuidora para AQ Online. Ella es una periodista colombiana que ha escrito para medios como Semana, Votebien.com, El Espectador, Latinamerican Press y Folha de São Paulo. Actualmente trabaja como periodista freelance. Su cuenta de Twitter es: @JennyManriqueC.

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