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Cumbre de las Américas: la Cumbre de EEUU



No nos digamos mentiras: los únicos resultados concretos de la Cumbre de las Américas se hicieron a la medida de Estados Unidos. Unas pocas horas antes de que el presidente Barack Obama aterrizara en Cartagena, dos leyes sustanciales para la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) fueron aprobadas a pupitrazo por el Congreso de Colombia.

Por su propio veto (el de Estados Unidos), temas cruciales que marcaron la agenda mediática y política las últimas semanas, no se discutieron en la Cumbre: la inclusión de Cuba en próximos encuentros continentales y la defensa argentina de la soberanía de las Islas Malvinas. Ese disenso motivó que no hubiera declaración final conjunta. Una cumbre sin declaración, es como una reunión sin acta: ni idea quién estuvo ni qué se dijo, ni en qué orden, ni quién apoyo qué. Claro, aquí se sabe más que eso, pero varias de las reuniones fueron privadas, y las públicas fueron sin duda políticamente correctas.

Por tanto más hubiera valido hacer una cumbre bilateral y no un encuentro con 31 invitados que costó al menos 25 millones de dólares (según la propia cancillería) en los que algunos se fueron molestos (Argentina y Bolivia), otros cortaron su estancia inexplicablemente (Brasil) y otros se tomaron fotos con los indígenas Wayuu y hablaron de responsabilidad social (Chile) pero a la hora de la verdad tampoco aportaron al debate grueso que prometía marcar la diferencia en esta cumbre: la discusión sobre la política antidrogas.

Pese a que el mismo José Miguel Insulza, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) dijo que ya era hora de una estrategia antidrogas propia para el continente, desde pronto Barack Obama, entrevistado en medios latinoamericanos, tanto como Juan Manuel Santos en medios norteamericanos, lanzó frases políticamente correctas como que aceptaba la responsabilidad de su país en el consumo, pero siempre fue claro en que no estaba de acuerdo con la despenalización.

Aunque Santos quiso poner el debate en la atención del continente y mostrarse como el líder regional que retrataron esos prestigiosos medios, desde el primer día en Cartagena la canciller María Ángela Holguín predijo que no habría declaración en tal sentido, aunque entusiasta también deslizó que abogaría por una comisión de expertos en lucha antidrogas  como uno de los resultados de la Cumbre. De eso, tampoco hubo.

En suma lo que sucedió fue que una impresionante estrategia de medios puso en la agenda temas ambiciosos que inflaron las expectativas del país y de la región, que son sustanciales para la política internacional y por ello, de difícil consenso. Al final fue el presidente Barack Obama el gran protagonista de todo el derroche mediático, que incluyó contar minuto a minuto cómo se bajaba de su Air Force One, qué comería, cómo se vestiría, con qué presidente se mostraba más simpático y lo generoso que resultaba que el preciado invitado pasara dos noches en Cartagena (quién como no, con tamaña seguridad, no pasaría incluso unas largas vacaciones).

Eso sin contar que el presidente estadounidense tenía un doble, el Obama cartagenero y un regalo animal que no pudo llegar a su Air Force tal como lo pretendían sus dueños: un burro llamado DEMO—en honor al partido demócrata—vacunado y listo para irse a la Casa Blanca, que no pudo cruzar los tres anillos de seguridad del presidente gringo.

Pero bueno hay que decir que además de ocupar toda la prensa internacional posible, el país anfitrión también se llevó otros logros: los colombianos ahora tendremos visa americana por 10 años y una fecha definida (15 de mayo) para la entrada en vigencia del TLC, así como el respaldo contundente del gobierno norteamericano a Colombia para que ingrese como miembro a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Dice el dicho popular que de la ambición no queda sino el cansancio: de siete días de cobertura ya todo era anecdótico las últimas horas  y se rumoraba en los corrillos de la cumbre que no habría consenso básicamente sobre nada. Para Santos eso no fue un fracaso porque no hubo temas vedados. Los países del ALBA (incluyendo Venezuela, Ecuador y  Nicaragua) salieron airosos porque su ausencia hizo que el tema de su protesta—invitar a Cuba a las Cumbres—fuera agenda ineludible desde el principio. Bolivia, el único presente a través de Evo Morales, clausuró la cumbre Social y se llevó más protagonismo que incluso la misma Hillary Clinton.

La lección general es que tal vez sea sensato no disfrazar las cumbres bilaterales de encuentros continentales. Solo entonces tal vez eso de lograr ser el país “bisagra” entre Norteamérica y Suramérica, pueda ser más que un saludo a la bandera, como en últimas, fue la Cumbre.

Jenny Manrique es una bloguera que contribuye a AQ Online. Es periodista colombiana y editor de Semana.com. Su cuenta de Twitter es @JennyManriqueC.

 

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Jenny Manrique es una bloguera contribuidora para AQ Online. Ella es una periodista colombiana que ha escrito para medios como Semana, Votebien.com, El Espectador, Latinamerican Press y Folha de São Paulo. Actualmente trabaja como periodista freelance. Su cuenta de Twitter es: @JennyManriqueC.

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