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Venezuela: Triunfo nacional, fracaso municipal

Cambios políticos y estructurales venían discutiéndose en Venezuela cuando un estallido social en 1989 evidenció que la situación exigía acciones inmediatas. La Comisión para la Reforma del Estado -creada en 1986- había oficializado el debate apenas un año antes, pero “El Caracazo”, revuelta social que marcó un punto de no retorno para el país, fue lo que impulsó la rápida creación del marco legal del proceso de descentralización. Así, en diciembre de 1989, por primera vez los venezolanos irían a las urnas para elegir, de forma libre y directa, a sus gobernadores y alcaldes. 

Tuvo un efecto político inmediato. Liderazgos locales surgieron retando al bipartidismo que había gobernado al país por décadas. Los dos golpes de Estado de 1992 acentuaron la crisis y demarcaron un nuevo escenario nacional: la maquinaria, por sí sola, no garantizaría un puesto en la escala local de poder. 

El chavismo es, en muchas formas, producto de ese momento. Fichas de izquierda al margen de los dos grandes partidos nacionales, se alzaron de forma sorpresiva con dos gobernaciones en los primeros comicios. La tendencia sólo seguiría en ascenso en los eventos electorales siguientes, hasta llegar a su punto máximo con la elección de Hugo Chávez para la presidencia en 1998. Chávez fue el primer outsider de la política venezolana en conquistar el máximo escaño en la historia contemporánea. 

Hay quien pueda considerar un gesto irónico que la centralización fuese una de las prioridades políticas de la era chavista, pero tomando en cuenta el contexto, minar los liderazgos regionales parecía un camino lógico a seguir. 

Después de más de una década de esfuerzos para centrar la política venezolana en una discusión personalista que se resume a chavismo contra oposición, sin medias tintas, los venezolanos volvieron a las urnas este domingo para elegir alcaldes. En teoría se trataba de escoger a los representantes que deben atender los problemas municipales e inmediatos de la ciudadanía, pero en la práctica la oposición, encarnada por el ex candidato presidencial, Henrique Capriles, le dio matices de plebiscito, en tanto que el chavismo -conducido por el heredero político de Chávez, Nicolás Maduro- lo convirtió en otro momento clave para la supervivencia revolucionaria. 

El nuevo intento de medir fuerzas de ambas bancadas terminó en un resultado similar al de las elecciones presidenciales de abril. El oficial Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) capitalizó, según el primer boletín del organismo electoral, 4.584.477 votos, apenas 332 mil más que los registrados por la alianza opositora de la Unidad Democrática (4.252.082). Sumando a otros grupos afines, la cuenta cerró, de forma preliminar, en 49% de los votos para el chavismo, frente a 43% para la oposición. El 8% de los sufragios restantes fue para “otras organizaciones políticas”, al margen de los dos grandes bloques. 

El análisis inicial se aleja de proyectos municipales y repite lo dicho en jornadas electorales previas: Venezuela es un país dividido, sin espacio al diálogo ni al acercamiento, porque cualquier señal de tregua en esta guerra es vista y penalizada como una “traición a la causa”. 

Apenas un día después de los resultados, los discursos han seguido líneas similares a las de abril: el Gobierno revolucionario se ufana de contar con más votos que la oposición, en tanto que los contrincantes celebran haber conquistado varias de las capitales más emblemáticas del país. Las elecciones terminan, pero la campaña continúa. 

En Caracas, cinco de las seis autoridades municipales quedaron en manos de la oposición, manteniendo la tendencia existente. Si bien el presidente Maduro reconoció el resultado, creó en menos de 24 horas un cargo ejecutivo para “recompensar” al candidato del oficialismo, Ernesto Villegas, quien perdió en su intento por conquistar la Alcaldía Mayor Metropolitana, suerte de gobernación para el Distrito Capital. 

La movida asemeja a la que Chávez realizó en 2009, cuando luego de una derrota similar decidió crear por decreto una jefatura de gobierno para la capital que restaría competencias al recién electo alcalde opositor, Antonio Ledezma. 

Villegas, el debutante Ministro de Estado para la Transformación de Caracas, se convierte así en el octavo funcionario en mando que tiene bajo su potestad velar por el funcionamiento de la Gran Caracas, que con poco más de 5 millones de habitantes y una tasa de homicidio de 118 por cada 100 mil, se ha convertido en una de las ciudades más peligrosas de América Latina. 

Desde una perspectiva local, las elecciones municipales parecen arrojar victorias políticas pero no ciudadanas: El chavismo amaneció este lunes celebrando por tener 49% del electorado nacional, y la oposición, con la satisfacción de haber vencido en los cargos más cotizados. Triunfos vanos para un país que, tras la euforia electoral, volverá a las filas para comprar comida y a los funerales que improvisa la violencia. 

 

*Paula Ramón is a contributing blogger for AQ Online. She is a Venezuelan journalist based in Brazil.

Any opinions expressed in this piece do not necessarily reflect those of Americas Quarterly or its publishers.
Tags: 2013 Venezuela Elections, Nicolás Maduro

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