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Haití: Mañana Dios Dirá

Si no supiera que murieron casi 300.000 personas y que todavía hoy en día hay 1.200 campamentos de refugiados con casi un millón de personas diría que hoy los haitianos celebran algo. El día en que se cumple un año del terremoto por las calles de Puerto Príncipe desfilan miles de personas vestidas de blanco, cantando y bailando. Cantan a Dios y no se sabe muy bien por qué bailan, pero bailan, incluso muchos sonríen. Hoy en Haití no lloran. Las iglesias están llenas de gente. Muchos cierran los ojos y rezan, otros simplemente agachan la cabeza y parecen meditar en lo que pasó y lo que vendrá.

Un año después del terremoto las calle de la capital parece una imagen congelada de hace un año. Apenas se ha recogido el 10% de los restos del terremoto y las tiendas frente al palacio presidencial están en el mismo sitio que la semana que se instalaron después del seísmo.

A treinta kilómetros al oeste de la capital en Camp Corail—el campamento de refugiados más grande montado por el gobierno haitiano—para Sherline sin embargo hoy es un día como otro cualquiera. Se ha levantado y no tiene nada que hacer, no hay trabajo ni dinero para comprar mercancía que revender. El campamento está situado en una zona totalmente seca, sin árboles, agua, ni mucho menos un pueblo o iglesia cercana donde ir a rezar. Junto a ella viven 10.000 personas. Atendidos por doce ONG´s internacionales y con patrulla de la ONU permanente, en Camp Corail se viven con mejores condiciones de salud y seguridad que en los campamentos espontáneos de la capital—pero sus habitantes pasan el mismo hambre que sus vecinos capitalinos.

Sherline tiene 32 años y está embarazada de su cuarto hijo: un bebé “Goudu-Goudu”, como se conoce a la generación de bebés nacidos después del terremoto. La joven haitiana comparte con sus cuatro hijos una pequeña casa de madera prefabricada a la que se acaba de mudar después de meses en una tienda. “Después del terremoto me sentía sola y tenía miedo. Me enamoré pero cuando me quedé embarazada se marchó”.

La tasa de embarazos se ha triplicado en Haití, del 4 al 12% en un año. El 60% de las mujeres del campamento son madres solteras. En un día cualquiera el centro de salud del campamento está lleno de madres con bebés. “La situación de estas mujeres es muy difícil, es fundamental que al menos tengan acceso a servicios gratuitos de salud”, explica Joujoue Louis, responsable de salud de la ONG Plan, encargada de la salud en el campamento.

La atención médica en Camp Corail ha reducido a cero la mortalidad infantil y maternal y ha controlado los escasos casos de cólera. Paradójicamente estas mujeres y niños sin visos de futuro y con dificultades para sobrevivir día a día tienen mejor atención médica ahora que antes del terremoto, cuando solo 1 de cada 5 personas tenía acceso a servicios de salud.

Sherine hoy no canta ni baila, pero—igual que sus vecinos de la capital tampoco—llora. Ella se limita a abrazar a su hijo al que no sabe qué dará de comer mañana.

*Tábata Peregrín is a blogger that contributes for AQ Online who is currently in Haiti.  She is a freelance journalist based in Madrid and is the author of the forthcoming Dispatches from the Field article (AQ, Winter 2011) that looks at the lives of released Cuban political prisoners in Spain.

Any opinions expressed in this piece do not necessarily reflect those of Americas Quarterly or its publishers.
Tags: Haiti, 2010 Haiti earthquake

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